Un Chile íntimo y mitológico en 900 imágenes

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Hoy se abre en el Centro Cultural La Moneda, Álbum de Chile, que reúne la mirada de 160 fotógrafos sobre la identidad local. Una radiografía a las obsesiones, miedos, fantasías y realidades de la Nación Chilena

Antes que todo está el deseo. El deseo de preservar una imagen, pero también de inventar una identidad. Pasó en 1908 cuando el párroco y fotógrafo Martín Gusinde viajó a Tierra del Fuego a retratar por primera vez al pueblo Selknam, a quienes hizo posar estáticos frente a la cámara;  sucedió también en 1960 cuando el maestro Antonio Quintana realizó la recordada muestra El rostro de Chile, haciendo una revisión de lo que era el país a través de su gente, obreros, campesinos, estudiantes, escritores y pequeños empresarios, la que terminó viajando a otros países como, Brasil, EEUU, Francia y Japón. Y sucede cada vez que un fotógrafo se propone reflejar a través de una imagen lo que es Chile: en una escena del río Loa de Tomás Munita, en las mujeres y niños retratados por Julia Toro, en los gitanos fotografiados por Luis Navarro. ¿Es posible dar con una sola visión del verdadero Chile? Ese es el deseo y también la reflexión que quiere plantear el curador y académico Gonzalo Leiva en la exposición Álbum de Chile: retrato de una nación que abre sus puertas hoy en el Centro Cultural La Moneda y que probablemente itinerará a regiones.

Se trata de un repaso por la mirada de 160 fotógrafos y artistas locales, quienes a través de más de 900 imágenes tomadas dentro del territorio nacional, arman una radiografía de lo que somos. El ejercicio es ambicioso pero no condescendiente. Leiva sabe que algunas imágenes están construidas sobre ideas preconcebidas de lo que nos gustaría que fuese Chile, mientras otras muestran el lado oscuro y menos halagador de nuestra historia. La muestra, que va desde fines del siglo XIX hasta 2014, repasa varias de las técnicas fotográficas: hay daguerrotipos, calotipos, ambrotipos y fotos ampliadas, análogas y digitales, pero también va más allá de lo cronológico. “No es una muestra histórica ni de Chile ni de la fotografía, es más bien el deseo de mostrar una visualidad local, por eso hay fotos, pero también videos y obras de artistas donde hay realidad pero también mucha ficción”, cuenta el curador.

Luces y sombras

Repartida en las dos grandes salas del centro cultural, una de ellas recoge los mitos de Chile: parte con los primeros albumes familiares y retratos fotográficos hechos en daguerrotipos que son  exhibidos en vitrinas y mesones. Mientras, en la murallas se muestra la diversidad de Chile a través de su gente: niños, mujeres y hombres de todas las etnias que integran el territorio con fotos de Julia Toro, Elisa Díaz e Ignacio Hoschhausler. Están representados los mitos nacionales como “Chile país de poetas”, con retratos a Neruda, Mistral, Gonzalo Rojas y Gonzalo Millán; “Chile y su bandera más bonita”, con representaciones de Marcos Fredes y Francisco Copello; “La belleza de Chile”, con fotos de su geografía de George Munro, Gue Welborn y Roberto Montandón, imágenes patrimoniales y de sus reinas de belleza, de Juan Domingo Marinello.

Hay un apartado dedicado a los héroes nacionales con fotos históricas de los soldados mutilados de la Guerra del Pacífico, los sobrevivientes de catástrofes naturales como los terremotos de Valparaíso, Coquimbo y Chillán, que incluye registro de Luis Poirot, Juan Francisco Somalo y Nicolás Sáez; además de la serie de monumentos urbanos intervenidos por el artista Andrés Durán.

En Álbum de Chile, las generaciones se cruzan según los motores  que movilizan la creación de los fotógrafos. “No se trata de la historia oficial, sino de todo lo contrario. Hay una mirada desde el desajuste, y el deseo de conversar sobre estos grandes temas que nos han afectado como país, como una forma también de sanar las heridas”, señala Leiva.

La segunda sala está justamente dedicada a las “heridas de Chile”, una reunión de imágenes cruzadas de una u otra forma por la violencia. Hay imágenes poéticas y abstractas como las de Jaime Villaseca  y otras y explícitas como las que miembros de la AFI, tomaron durante el régimen militar. Está la serie de los feminicidios de Cristóbal Olivares, del culto a los niños muertos de Zaida González y Tatiana Alfaro; y también las pequeñas luchas que los chilenos hacemos con el paso del tiempo.

La transformación de la ciudad y la resistencia a la modernidad se refleja en los trabajos de Leonardo Portus, Rosario Montero, Fernando Rosa y Doifel Videla, mientras el Valparaíso de ayer y hoy brilla en las fotos de Sergio Larraín, Gerardo Torres y Oswaldo Briceño. También está el golpe de Estado y sus secuelas en las instantáneas de Luis Poirot, Luis Navarro y Alvaro Hoppe.

“Hay ciertas marcas históricas y culturales que no es posible eludir. En Chile hay una obsesión por la representación, por la apariencia. Por mucho tiempo fuimos un territorio desconocido, una isla al fin del mundo, entre el mar y la cordillera que desea todavía ser reconocida, desde ese anhelo construimos nuestra imagen país, nuestras luces y sombras”, resume Leiva.

Fuente La Tercera

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