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Opinión

Inflación, como sobrevivir en Argentina


Manual de una millennial argentina para sobrevivir a la inflación

Como si la pandemia no hubiera sido suficientemente traumática, la invasión de Rusia a Ucrania generó, además de una tragedia humanitaria, un impacto fuerte en la ya inestable economía global. Esta combinación de sucesos provocó un fenómeno que no se veía desde hace más de 30 años en las principales economías del mundo occidental: inflación.

Por Estefanía Pozzo

Los aislamientos masivos que vienen ocurriendo desde 2020 provocaron una caída abrupta en la producción de bienes, lo que a su vez produjo una interrupción en la cadena de suministros a nivel global. El recalentamiento de la demanda a escala mundial a la salida de la pandemia (casi en el mismo momento en todos los países) tuvo un efecto directo en el precio de los bienes y, también, en los costos logísticos. A esto tenemos que sumarle la subida de los commodities que ha dejado el conflicto europeo, que influye automáticamente en el precio de los alimentos.

Ya que el caso de Argentina es extremo, porque el país arrastra este problema hace por lo menos siete décadas y registró una inflación anual de 52.3% anual según los datos más recientes, hay algunas observaciones que, desde la experiencia, una millennial argentina puede hacer para sobrevivir a los meses que se vienen.

Manual de una millennial argentina para sobrevivir a la inflación

1. Los precios van más rápido que tus ingresos. Prepárate y busca soluciones estructurales.

Cuando se acelera la inflación y todos los precios de la economía suben de manera generalizada, por lo general existe una variable que no se modifica con la misma velocidad: tus ingresos. Acostumbrarse a la caída del poder adquisitivo es difícil, porque los humanos somos, ante todo, bichos de costumbre. Que tu salario alcance cada vez para menos cosas quiere decir que vas a tener que aprender a tomar una serie de decisiones respecto de tus consumos, tus gastos, tus ingresos y tus deudas. Se vienen unos meses de recalibrar tus cuentas. Y aunque siempre se puede buscar la manera de generar más ingresos (trabajando más o pidiendo un aumento), esto no resuelve nada de manera “estructural”. La respuesta colectiva es que los trabajadores se organicen y negocien en conjunto cómo recomponer sus salarios.

2. Acostúmbrate a no saber cuánto cuestan las cosas. Pon a prueba tu capacidad de resiliencia.

La inflación suele traer aparejado un fenómeno que en economía se llama “distorsión de precios relativos”. Esto quiere decir que las relaciones entre los precios de los productos que aprendimos con el paso del tiempo puede empezar a variar. Por ejemplo: sabemos que una botella de aceite nunca puede ser más cara que un kilo de carne. En contextos de mucha incertidumbre, el porcentaje histórico de diferencia entre los precios de estos productos puede aumentar (por ejemplo, si sube la carne) o disminuir (si sube el aceite). Ahora imaginen eso pero a gran escala en toda la economía. Dependiendo de cada economía será la magnitud del reacomodamiento. Acostumbrarse a vivir en un contexto de mucha incertidumbre puede ser muy angustiante y esto pondrá a prueba tu capacidad de respuesta a estas situaciones incómodas.

3. Crea nuevos hábitos de consumo: stock, promociones y tours de compras

La pérdida de poder adquisitivo de los ingresos tiene un impacto directo en nuestra forma de consumir. Algunas personas decidirán comprar menos cantidades, otras pueden cambiar las marcas de los productos que consumen, algunas espaciar la compra de determinados productos o directamente eliminarlos de sus carritos. Sin embargo, destinar unos billetes a “hacer stock” de un determinado producto (por lo general, aquellos no perecederos como el papel higiénico, las conservas, los aceites o los productos de limpieza) podría ser lo más recomendable. La compra de productos cuyos precios probablemente aumenten en el futuro es una buena inversión en situaciones como esta. También se debe buscar el precio más conveniente y eso puede parecerse bastante a organizar un tour de compras.

4. Ten a la mano ciertas capacidades matemáticas. Las necesitarás en los próximos meses.

El aumento constante de los precios tendrá un efecto inmediato en tu cerebro, porque comenzará a ejercitar las áreas en las que se alojan tus capacidades matemáticas. ¿Por qué? Porque deberás empezar a considerar al tiempo como una variable fundamental en relación a tu dinero. Un billete no comprará lo mismo hoy que dentro de uno o dos meses y esto influirá en dos decisiones básicas que tendrás que tomar cotidianamente: la de cuándo consumir cosas (las necesarias y las superfluas) y también qué hacer con tus ahorros, es decir, cómo invertir tu dinero para que no pierda poder adquisitivo. Aquí un ejemplo básico: si la proyección es que la inflación acumulada de los próximos tres meses es de 3% y comprar algo en tres cuotas tiene 2% de recargo, ¿qué harías? ¿Conviene comprar en cuotas o pagar todo al contado? Analizar la conveniencia de gastar o de invertir sumando las expectativas de inflación es una práctica económica que viene de la mano del aumento de los precios.

5. Las deudas se vuelven más caras. Si tienes que sacar un préstamo, ten en cuenta estos detalles.

Una de las respuestas de los gobiernos a la inflación es aumentar la tasa de interés. Cuando esto sucede, sube el rendimiento de las inversiones financieras y, al mismo tiempo, sube el costo de endeudarse. Es decir: probablemente sea más caro pedir un préstamo personal, usar la tarjeta de crédito o tomar un crédito hipotecario. Es central que revises esos aumentos antes de tomar la decisión de endeudarte. Y que compares las tasas que te ofrecen, porque pueden informarte las tasas nominales pero las que realmente hay que ver para saber cuánto vas a terminar pagando son las tasas efectivas, incluyen los cargos administrativos y comisiones. Así que vuelve a utilizar tus capacidades matemáticas para comparar las tasas de interés y decidir cuál de todas es la más conveniente. Y una cuestión más (muy importante): no hay que caer en la trampa de hacer el pago mínimo de la tarjeta de crédito. Si eso te sucede, lo mejor es comparar la tasa efectiva que te cobra el banco por refinanciar el saldo impago de la tarjeta versus la tasa que te cobraría por darte un crédito personal (y que podrías usar para pagar el total de la tarjeta). Muchas veces conviene pedir un préstamo personal en lugar de pagar el monto mínimo de la tarjeta. En cualquier caso, las habilidades matemáticas serán tus aliadas.

Fuente The Washington Post


Por Estefanía Pozzo


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martes 03 de mayo de 2022

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