Reflexiones de un argentino libre

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La patria cumple 201 años y en este tiempo hemos logrado un sinfín de cosas: caernos, levantarnos y reinventarnos. Y si nos vieran nuestros próceres, ¿qué dirían?

El 9 de Julio es mucho más que el grito unísono de “sí, queremos” en la Casa de Tucumán en 1816. Es más que los pastelitos en la plaza y en las calles principales de esa ciudad. Es mucho más que lo que dicen los manuales de historia. El 9 de Julio es la piedra basal, la creación de una forma de ser en un país naciente y el puntapié inicial para todo lo que vino después.

“Cuando hay libertad, todo lo demás sobra”, supo enfatizar el General San Martín, y luchó y dio su vida por esa bandera.

Hoy, tras más de dos siglos de aquella frase, el panorama ha cambiado tanto, y sin embargo, el anhelo por esa facultad de elegir la mejor opción entre varias posibles sigue motorizando a casi todos.

Reconocer los compases de Naranjo en flor, pero escuchar también cumbia, folklore o cuarteto. Choripán, asado o locro y puchero. Messi y Maradona. Hijitus o Paturuzú o Borges o Cortázar. El Obelisco, las sierras cordobesas, el Perito Moreno o los coloridos cerros del norte. Una de acción o una romántica. Mates o café. En colectivo o caminando. Nuestros días se tratan de elecciones. Histéricos o lanzados. Histriónicos o un poco callados. Elegimos.

Las crisis económicas nos golpearon, y como estadísticamente son cíclicas, siempre abrimos el paraguas y las esperamos. Y sí, eso nos sobresalta y quizás nos fortalece, y el Himno lo dice claro:

“Más los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
A esos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer”.

La política es tema de café y no siempre coincidimos, y también muchas veces nos decepcionamos. Igual seguimos. Como seguimos alentando y cantando en cada partido de la selección, aunque hayamos perdido las finales. Aunque se nos amargue la semana. Pero optamos por volver a sentir la expectativa antes de entrar a la cancha.

Desde afuera, ¿cómo nos ven? ¿Como bichos raros? Si entendieran por todo lo que pasamos desde 1816, y todo lo que nos falta pasar. Pero crecimos, a los golpes, a veces con buenas rachas, pero lo hicimos y lo hacemos. Seguimos en movimiento.

Ya no nos iluminamos con velas, ni vamos a visitar a los parientes en carreta ni usamos vestidos con miriñaque, pero nos despertamos seguramente con ese mismo tesón y con las mismas ganas de luchar por la libertad que hace 201 años. Vivimos coronados de gloria o juramos con gloria morir. Porque es todo o nada, todos los días, y lo elegimos como argentinos. Para bien o para mal, para quienes están de acuerdo o no, los argentinos somos así porque somos libres. Y en buena hora que sea y siga siendo así.

Hacer que la realidad inspire es nuestra decisión de todos los días. Y eso nos hace sentir libres y renovar el “sí, queremos” de Tucumán. ¡Feliz 9 de Julio, argentinos!

Fuente Grupo Edisur

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