El sexo de la economía

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Elisabeth Klatzer, una visión de género sobre los presupuestos públicos

Por Sonia Santoro

Cada persona necesita cuidados hasta que puede crecer. Sin esa tarea, la economía no puede funcionar, explica la economista austríaca. Y señala que ese trabajo lo hacen mayoritariamente las mujeres, aunque no es reconocido. Por eso impulsa que las políticas de presupuesto de un país lo contemplen.

“Si no hay cuidados, la economía simplemente no funciona. No hay gente para trabajar. Es la base”, define la austriaca Elisabeth Klatzer, en un castellano algo rústico pero lo suficientemente claro compartir sus ideas con transparencia. “Los presupuestos públicos normalmente están ciegos –continúa–, en promedio la vida de hombres y la vida de mujeres son muy diferentes. Esto significa que hay diferentes necesidades y prioridades. Entonces no sirve decir que el presupuesto es para todos. Hay que mirar bien quiénes son las personas, cuáles son los servicios en los que se invierte y a quién le sirven. Eso es la base de presupuestos con enfoque de género”. Así proclama a la economía feminista, como la forma de hacer que los presupuestos públicos sean realmente funcionales a las personas concretas.

Klatzer participó en Buenos Aires del IV Foro Internacional de Mujeres Contra la Corrupción, organizado por la Fundación Mujeres en Igualdad en la Facultad de Derecho. Allí estuvo en el panel “¿Tiene sexo la política presupuestaria?” y compartió su experiencia como economista sensible al género.

–¿Cómo fue su crianza siendo mujer?

–Soy de Austria, del campo. De una familia de productores rurales, pero también trabajaban en otras tareas porque no alcanzaba. Mi madre era profesora. Éramos cinco hermanos y hermanas y teníamos que trabajar siempre en la granja. Yo me acuerdo de que había tareas separadas. Que, por ejemplo, el domingo las niñas tenían que cocinar y limpiar pero los niños no. Entonces, esa fue mi primera lucha por la igualdad, en realidad de las tres hermanas, que éramos las más grandes.

–¿Lo lograron?

–Sí. Después me enteré muy temprano también de los límites en la vida en el pueblo. Era un pueblo con relaciones sociales muy cerradas. Sobre todo lo que refiere a lo que puedes hacer (o no) y de lo que todo el pueblo habla; y también sobre las relaciones sexuales que los chicos querían como su derecho. Entonces, me fui un año a estudiar al extranjero, muy típico, a Bélgica. Como no sabía cómo hacerlo diferente, fui a cuidar niños en una familia. Fue un paso de liberación muy fuerte vivir lejos de esas relaciones tradicionales. Después me fui a estudiar a Viena, una ciudad grande.

–¿Cómo llegó a estudiar Economía?

–No sé bien. Primero elegí economía de empresas pero me daba cuenta de que no era para mí eso de la gestión de empresas y ese enfoque de las ganancias. Me interesaba algo más amplio: cómo funciona la economía. Ya discutíamos en esa época el rol de las mujeres y cómo no se daba cuenta del trabajo doméstico dentro de la teoría económica. Eran los 80 en Austria y todas las universidades tenían rectores varones. Más hacia el final de mis estudios, teníamos seminarios y empezamos a establecer algo de investigaciones feministas dentro de la economía. Era muy importante desarrollar esto. No había mucho acceso.

–¿Por qué es necesario pensar la economía con perspectiva de género?

–Hay que explicar cómo funciona el sistema económico y que en el fondo es el trabajo en el hogar y el trabajo de cuidados la base de la economía. Si no hay cuidados, la economía simplemente no funciona. No hay gente para trabajar. Entonces es la base. Y esa es una de las razones de por qué es muy importante. La otra es también la cuestión de explicar y entender por qué tenemos este sistema de patriarcado tan fuerte y muy difícil de cambiar. Las mujeres están luchando desde hace siglos y no se cambia tanto. Es cierto que hay más participación.

–Se avanzó en derechos sociales y políticos pero no en lo económico…

–El sistema de desigualdades sigue. Por eso es muy importante enfocar sobre esto.

–¿Cómo define una economía con perspectiva de género? 

–Significa pensar la economía y las relaciones económicas sociales desde la perspectiva del cuidado. Como he dicho, es lo fundamental para que funcione la sociedad pero también para que funcione la economía. Entonces hay que construir la teoría económica también empezando con la base. Es tan chocante que la economía tradicional se enfoca en la competencia y el individuo económico como algo, un ser muy raro, independiente, racional, que nada más piensa en su beneficio… Así no es cómo funcionan la sociedad y la economía; somos todos seres dependientes y cada persona necesita cuidados hasta que puede crecer y empezar actividades sociales y económicas. Esa para mí es la fundación de la economía. Tenemos el desafío de cambiar también la ciencia de la economía hacia una ciencia social de relaciones económicas y sociales.

–O sea que en primer lugar habría que hacer visible que la economía se sustenta en los cuidados, que son trabajos que hacen en su mayoría las mujeres y que no están pagados.

–Sí. No es solo que recae en las mujeres. Sino que esta parte informal, el trabajo que no está pagado, es parte del sistema económico. Y hay muchos sectores en la economía, no solamente el privado y el estado, está el hogar también como un sector económico muy importante. Si uno piensa en eso hay que investigar diferente. Hay que construir teorías completamente diferentes. Esto tiene mucho que ver con la política económica. Hoy en día a los economistas no les importa lo que pasa con el cuidado. O el cuidado está visto como un bien para intercambiarlo en el mercado, como si fuera un paquete de muebles, pero hay una profunda diferencia.

–¿No está construida esa teoría?

–Está en construcción. Hay muchas feministas estudiando. Es muy importante también el trabajo de Eleonora Ostrom, que no es economista y ganó el Premio Nobel (N. de E.: Ganó el Premio Nobel de Economía, por “su análisis de la gobernanza económica, especialmente de los recursos compartidos”. Fue la primera mujer en ganar el premio en este campo). Ella investigaba sobre los commons, un término inglés, que significa los bienes comunes. Decía que en la teoría económica hay un concepto, “la tragedia de los bienes comunes”, que dice que no se puede tener tierra en común porque hay explotación. Y ella demostró que eso no es cierto. Sino que es mucho mejor tener ese bien en común y que con ciertas reglas se puede utilizar. Entonces, también  es un ejemplo de cómo la teoría económica es una teoría que apoya intereses. También la cuestión acerca de quiénes la propiedad; por ejemplo, de la naturaleza, no es como hoy que todo está privatizado. Algunas economías feministas van detrás de esto y dicen que eso va a destruir la naturaleza, entonces hay que pensar en otras formas de propiedades comunes para gestionar diferentemente. No solo en función de las ganancias.

–¿Y cómo se ve esto en los presupuestos?

–Los presupuestos públicos normalmente están ciegos. Los economistas hacen presupuestos, dicen  “esto es para todo el mundo” y no se piensa que hay que ver que tenemos mujeres y hombres que siguen una vida muy diferente. Hemos hablado de quién hace las tareas en el hogar, las mujeres. Las tareas de la comunidad, ¿quién las hace? Hasta vemos en el mercado laboral que las divisiones son muy importantes. Entonces significa que en promedio la vida de hombres y la vida de mujeres son muy diferentes. Entonces, claro que significa que hay diferentes necesidades y prioridades. No sirve decir que el presupuesto es para todos. Hay que mirar bien quiénes son las personas, cuáles son los servicios en los que se invierte y a quién le sirven. Eso es la base de presupuestos con enfoque de género. Pensar para quiénes pero también de ver los ingresos, quién está contribuyendo al presupuesto. Hoy vemos los escándalos como el Panamá Papers. Tanta gente rica, pero también empresas multinacionales, que no están pagando sus impuestos; el dinero va a los paraísos fiscales. Entonces esto es importante desde el punto de vista de género. Qué pasa que tenemos un sistema fiscal por el que la gente más humilde contribuye mucho más. ¿Por qué tenemos un gran peso de impuestos indirectos? Eso también es muy importante, los ingresos y los gastos. Además, presupuestos con perspectiva de género significa mirar bien quién decide. Quién está tomando las decisiones fiscales, las decisiones sobre en qué se gasta el dinero, las prioridades. Eso es lo más difícil porque si queremos justicia e igualdad de género, hay que cambiar los procesos de decisiones. Yo pienso en todas las políticas públicas pero sobre todo en los presupuestos públicos. Porque hoy hay muy pocas mujeres que están decidiendo en esas políticas. Y los esfuerzos del movimiento de presupuesto desde el punto de vista de género que vienen de la sociedad civil también tienen el argumento de que hay que incluir mujeres de diferentes grupos de la sociedad en las decisiones.

–¿Qué experiencias conoce donde se esté trabajado con este enfoque?

–Hay dos actores principales en poner en marcha presupuestos de género. Claro que hay que cambiar la administración pública para que tenga en cuenta la perspectiva de género. Eso en Austria lo logramos. Tenemos  una norma legislativa en nuestra Constitución que dice que todas las unidades estatales –federal, provincial, municipios– tienen que trabajar para realizar la igualdad entre mujeres y hombres dentro de sus políticas presupuestarias. Sobre todo a nivel federal se tiene en cuenta la perspectiva de género en cada paso, en la presupuestación, ejecución y monitoreo. Entonces tenemos un buen sistema. Es un ejemplo, pero no alcanza, es solo una parte. Porque lo que vemos es que se transforma en una forma administrativa. Al principio cambió mucho pero ahora es algo que se hace y se hace (mecánicamente). Entonces, la segunda parte, que es imprescindible, es la sociedad civil, el movimiento feminista. Se puede hacer mucho desde el punto de vista de presupuestos públicos de género desde afuera también con monitoreo, seguimiento y también al calcular lo que hace falta para en las políticas públicas. Por ejemplo, aquí en Argentina hay un plan federal para la igualdad de mujeres pero ¿quién dice que hay suficientes recursos? O el problema de la violencia contra las mujeres. Los recursos son muy escasos, entonces la sociedad civil y el movimiento feminista pueden poner los presupuestos de género como una estrategia nueva para enfocar los esfuerzos y trabajar para obtenerlo. Hay muchos ejemplos, a mí me gusta un ejemplo de Brasil. Un centro de mujeres que trabaja sobre temas de mujeres. Ellas empezaron a trabajar sobre el presupuesto, entonces eligieron políticas de primera prioridad para mujeres como la lucha contra la violencia y trabajaron en el proceso del presupuesto desde el principio: cuando se armaba el presupuesto, vieron cuánto dinero había, calcularon que se necesitaba mucho más para luchar contra la violencia, después se vincularon con legisladoras y legisladores para obtener más. Después, como en Brasil es un problema que una cosa es el presupuesto y otra cosa es lo que se ejecuta…

–Acá pasa lo mismo…

–Entonces, ellas están muy fuertes también en el seguimiento: qué pasa con la ejecución, que proporción se está ejecutando, qué pasa con el resto. Así año por año lo están siguiendo y logrando mejores presupuestos. Hay muchísimos ejemplos de grupos de sociedad civil trabajando sobre eso. Y también grupos donde hay una combinación de sociedad civil, movimiento feminista e investigadoras, que yo pienso es importantísimo.

–En el Foro… habló sobre un club de presupuestos, ¿cómo es eso? 

–Sí, un ejemplo de Uganda. Lo mencioné porque cuando se habla de acceso a la información, no es suficiente poner la información al público y ya está, y decir “los ciudadanos lo pueden utilizar”. Eso no es transparente para nada. ¿Quién puede entender la información presupuestaria? No es que no seamos listas, se la forma en cómo se presenta la información. Lo que hace falta es ver cuál es la situación de distintos grupos sociales, entre ellos mujeres, y cómo hay que preparar la información para que puedan utilizarlo. Por eso el ejemplo del Club del Presupuesto de los Pueblos, es una forma de preparar la información sobre presupuestos. De enseñar y capacitar en saber qué parte del presupuesto tiene que llegar al pueblo en forma de servicios públicos…

–También fortalece a las mujeres, porque tradicionalmente a las mujeres se nos dijo que los números no son para nosotras.

–Sí. Y claro que es un ejemplo con servicios muy básicos. Pero pienso que la misma idea, de preparar información de manera útil a nivel federal, provincial… estoy convencida de que es el estado el que tiene el deber de preparar la información de forma que se entienda. Y hoy en día no se ve.

Fuente Página 12

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