Las marchas y contramarchas del comercio exterior.

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Desde 2012, el intercambio de bienes se deterioró considerablemente, al pasar de un superávit mayor a los US$ 12.000 millones a un déficit cercano a US$ 3.000 millones en 2015, registrando el primer rojo en quince años. Este desempeño obedeció al desplome de las exportaciones, que cayeron 30% en cuatro años mientras que las importaciones retrocedieron sólo 12% en dicho período.

El magro desempeño del comercio exterior obedeció a varios factores. Entre ellos destacan: la profundización del atraso cambiario; los crecientes controles a las importaciones; el estancamiento de la demanda global; y el deterioro de los términos de intercambio. Cada uno de estos elementos impactó de manera dispar entre los distintos sectores. No obstante, al analizar los diferentes rubros de comercio exterior se observa un deterioro generalizado.

Por un lado, el déficit de US$ 2.100 millones de la cuenta energética registrado en 2012 más que se duplicó en 2015 al transformarse en un rojo de US$ 4.600 millones (aunque rozó US$ 7.000 millones en 2013 cuando el precio del barril de petróleo había superado los US$ 100). Por su parte, el saldo negativo de las manufacturas de origen industrial (MOI) trepó 13% entre ambos años, alcanzando un rojo US$ 32.000 millones en 2015.

Respecto a los Productos Primarios (PP) y las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), aunque mantuvieron elevados superávits (históricos), los mismos fueron deteriorándose con el correr de los años. Por caso, el excedente de las MOA se redujo 13%, al pasar de un superávit mayor a US$ 25.100 millones en 2012, a menos de US$ 22.000 millones en 2015. Del mismo modo, la balanza de productos primarios retrocedió 30%, al pasar de US$ 16.000 millones 2012 a US$ 11.650 millones en 2015.

La profundización del rojo de los sectores deficitarios y el achicamiento del saldo de aquellos superavitarios, explican el mencionado resultado negativo del comercio de bienes obtenido en 2015. Así, mientras que, en 2012, el sector primario y el agroindustrial habían cubierto 1,3 veces el déficit del sector industrial y el energético, en 2015 el mismo sólo alcanzó para financiar el rojo industrial.

Parte de los esfuerzos del nuevo gobierno en materia de comercio exterior estuvieron dirigidos a apuntalar las exportaciones. La leve mejoría de las ventas externa junto con la caída de las importaciones explica el saldo superavitario de 2016 por US$ 2.100 millones. El resultado de los grandes rubros mejoró el año pasado, pero no siempre por buenas razones (más exportaciones) sino por la recesión (menores importaciones). Veamos.

El paso del déficit al superávit de 2016

En diciembre de 2015, Mauricio Macri tomó diversas medidas para dinamizar al frente externo: la flexibilización del mercado de cambios, la eliminación casi total de las retenciones y cupos a las exportaciones y el reemplazo de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI) por el esquema de régimen de Licencias No Automáticas de Importación avalado por la Organización Mundial de Comercio, etc.

Como respuesta a estas innovaciones, el intercambio comercial retornó a terreno positivo el año pasado, alcanzando mejoras significativas en los saldos de los grandes rubros. No obstante, dado que las señales no apuntaban a todos los sectores por igual, ni todos se encontraban rezagados de la misma manera, las evoluciones fueron disímiles.

Por caso, el superávit de Productos Primarios volvió a crecer, tras tres años consecutivos de caída mientras que el superávit de MOA se contrajo mínimamente. De hecho, el superávit conjunto de PP y MOA (principales beneficiarios de la reducción de retenciones y eliminación de los cupos a la exportación) superó los U$S 35.000 millones (+5,4% anual), impulsado por el incremento de las exportaciones (+6% anual, rozando los US$ 38.000 millones). Por su parte, las importaciones de estos bienes crecieron 12% anual, pero por su escaso peso (US$ 2.800 millones), no compensaron las mayores ventas externas.

El incremento del superávit de PP y MOA permitió volver a cubrir en su totalidad el déficit del sector industrial, e incluso superarlo (+13,5%). Ello no obedeció sólo a la mejora de las ventas de productos agroindustriales, sino también a la reducción del déficit del complejo manufacturero: el rojo del sector pasó de US$ 32.000 millones en 2015, a poco más de US$ 31.000 millones del año pasado (-3% anual).

Lamentablemente, la caída del déficit de las MOI no respondió a un aumento de las exportaciones (mantuvieron su tendencia decreciente cayendo -6,7% en 2016), sino a una mayor caída del valor importado (-4,4% en el año). Más aún, dicho retroceso obedeció la reducción de los precios internacionales de productos manufacturados (-4,2% i.a.).

De manera análoga, en el último año, el déficit energético se redujo significativamente (pasó de US$ 4.585 millones en 2015 a US$ 2.760 millones el año pasado), producto no del aumento de las exportaciones (cayeron, por quinto año consecutivo, 11,5% anual), sino de la fuerte reducción de las compras del exterior (-30,5% en 2016). La caída del precio internacional de los productos energéticos impactó más en las compras que en las ventas del sector (-32% i.a. en los precios de importación contra -15% i.a. en los de exportación). Por ende, el recorte en la sangría de dólares de este sector respondió, nuevamente a una mejora de los términos de intercambio.

En definitiva, durante su primer año de gestión el gobierno revirtió la tendencia negativa que mostraron los grandes rubros desde la imposición del cepo cambiario. Así, gracias a la mejora del resultado de los sectores típicamente superavitarios (PP y MOA) como a la reducción del rojo de los deficitarios (el energético y las manufacturas industriales), en 2016 el intercambio de bienes con el resto del mundo volvió a terreno positivo.

Sin embargo, durante el primer trimestre de este año la mejora se revertió. A un recorte en del superávit de materias primas y la agroindustria (-5,2% i.a., llegando a US$ 7.300 millones), le siguió una profundización del déficit industrial (+5,2% i.a., superando los US$ 8.200 millones), el mayor rojo para un comienzo de año desde que hay registros. Así, en los primeros tres meses de 2017 el superávit conjunto de PP y MOA cubrió menos del 90% del déficit del sector industrial, cociente similar al de 2015.

Una vez más, la dinámica de las importaciones explicó este resultado. En el caso del sector agropecuario, desfavorecidas por las altas bases de comparación (en el primer trimestre de 2016 había tenido lugar la liquidación de stocks retenidos), las ventas externas cedieron 1% i.a. en los primeros tres meses del año (llegando a US$ 8.245 millones). En contraposición, las compras al exterior treparon 46% i.a. en el período, superando los US$ 900 millones.

Por su parte, en el sector industrial, el avance de los envíos al exterior (+8% i.a., mejora que obedece en parte a la baja base de comparación), fue más que compensada por el crecimiento de las importaciones (+6% i.a. en el primer trimestre de 2017), producto de la leve recuperación de la actividad y, principalmente, de la apreciación del tipo de cambio real.

Lo que morigeró este resultado fue el sector energético, cuyo déficit en los primeros tres meses del año continuó en retroceso, al pasar de US$ 440 millones en el primer trimestre de 2016 a US$ 260 millones en igual período de 2017 (-40% i.a.). Más importante aún, el recorte del rojo obedeció al fuerte crecimiento de las exportaciones (+37% i.a., explicado íntegramente por el salto del 40% i.a. de los precios).

2017, ¿del superávit al déficit?

Aunque el año pasado el intercambio comercial volvió a arrojar superávit, este se debió principalmente a la recesión y a la mejora de los términos del intercambio. A nivel de grandes rubros, el resultado de 2016 dejó entrever una mayor dependencia del superávit de productos primarios, único complejo que logró un alza significativa de sus exportaciones.

Pese al aumento de las ventas externas de MOI, el déficit industrial alcanzó en el primer trimestre de 2017 un déficit récord (por un mayor incremento de las importaciones), lo que explica junto con el leve deterioro del superávit de PP y MOA, el aumento del rojo comercial. El déficit energético sigue achicándose, pero no compensó el deterioro de los demás rubros.

La elevada dependencia a las exportaciones de PP, aumenta la vulnerabilidad ante factores exógenos (clima y precios internacionales). Es deseable agregar valor a estos productos (MOA) y lograr una mayor diversificación de la matriz exportadora. El creciente atraso cambiario en un contexto de menores restricciones a las importaciones, no es el camino.

Fuente http://www.lalicuadoratdf.com.ar

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