Política y economía en 2017: un binomio inseparable

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javier-garcia-arenas-2Por Javier Garcia Arenas

Economista

 

En estos últimos meses, hemos visto cómo los vaivenes políticos se han convertido en una variable clave a la hora de analizar las perspectivas económicas. La ciencia económica ha incorporado esta nueva realidad hasta tal punto que algunos economistas ya hablan de ciclos económico-políticos y estudian no solo los clásicos shocks tecnológicos y monetarios sino también shocks de índole política. En 2017, esta dinámica se acentuará y el binomio formado por la política y la economía será inseparable. Y es que Donald Trump estrenará mandato tras su proclamación como presidente de EE. UU. el 20 de enero mientras que la UE deberá afrontar la negociación con el Reino Unido y una agenda política repleta de citas electorales de primera magnitud, con especial mención a las elecciones en Francia, Países Bajos y Alemania.

En particular, hay dos factores relacionados con la esfera política que preocupan por sus posibles repercusiones sobre la economía a nivel mundial. El primero es el incremento observado de la polarización política o, dicho de otro modo, un aumento del apoyo de las políticas económicas extremas, o populistas, ya sean de derecha o de izquierda. El segundo es un aumento de la inestabilidad política. Como se puede apreciar en los gráficos adjuntos, en Europa se ha observado en los últimos años un incremento sustancial tanto de la polarización como de la inestabilidad política. En EE. UU. también se ha producido un aumento de la polarización: según el Pew Research Center, en 2014, el 92% de los votantes republicanos tenían posiciones más conservadoras que el elector mediano demócrata (64% en 1994) y el 94% de los votantes demócratas tenían posiciones más a la izquierda que el elector mediano republicano (70% en 1994).

Existe un amplio consenso en la literatura económica sobre las consecuencias negativas que tanto la polarización política como la inestabilidad política tienen para el progreso económico. Centrándonos en el primer factor, la polarización política, según la definición clásica que acuñó a principios de los noventa el renombrado economista del MIT Rudiger Dornbusch, el populismo es el conjunto de políticas que priorizan el crecimiento económico a corto plazo sin tener en cuenta los riesgos que pueden conllevar, por ejemplo, deteriorando las cuentas públicas a medio plazo. Así, según Dornbusch, el populismo puede tener un impacto positivo a corto plazo, aunque ello es engañoso ya que, a medio plazo, los desequilibrios económicos acaban provocando un ajuste muy severo de la economía.

Hay dos canales adicionales a través de los cuales un aumento de la polarización política suele dañar el crecimiento económico. Por un lado, la polarización dificulta el acuerdo entre los diferentes agentes de la sociedad y, en muchos casos, el responsable político acaba optando por implementar una política económica que beneficia a su electorado potencial aunque no sea la adecuada para el conjunto de la sociedad. Este factor es especialmente importante en épocas de bonanza económica, ya que la mayor abundancia de recursos permite al responsable político llevar a cabo su agenda con mayor facilidad. Además, ello da lugar a una política fiscal procíclica, cuando lo ideal es implementar políticas fiscales contracíclicas, esto es, ahorrar en tiempos de abundancia para poder gastar más en tiempos de vacas flacas y revitalizar así la economía.

El segundo canal, a través del cual un aumento de la polarización política puede afectar negativamente al crecimiento, es que, en general, esta suele ir asociada a un aumento de la inestabilidad política y, por tanto, de la incertidumbre.

La economista de la Reserva Federal de Philadelphia, Marina Azzimonti,1 ha intentado cuantificar en un artículo reciente el impacto sobre la economía del alza de la polarización política en EE. UU. entre 2007 y 2012. Los resultados que obtiene ponen de manifiesto que no se trata de un fenómeno menor. Según la autora, debido al aumento de la polarización política, se han perdido 1,75 millones de puestos de trabajo, la inversión decreció un 8,6% y el PIB se contrajo un 2%.

El segundo factor que preocupa es el aumento de la inestabilidad política, más allá de la que puede haber generado el aumento de la polarización. Un aumento de la inestabilidad incide negativamente sobre la economía ya que, como se ha comentado, acrecienta la incertidumbre, lo que puede posponer decisiones de inversión y de contratación. Una muestra de cómo la incertidumbre que genera la inestabilidad política afecta a las decisiones económicas es que, en los países desarrollados, en general, la inversión privada suele caer 1 p. p. el trimestre anterior a la celebración de las elecciones.2 Una cifra que es importante tener presente dada la cantidad de procesos electorales que se celebrarán en Europa en 2017. Asimismo, los economistas del FMI Ari Aisen y Francisco José Vega3 muestran que la inestabilidad política suele ir asociada a un menor crecimiento y que ello es debido, sobre todo, a una disminución en el crecimiento de la productividad.

Centrándonos ahora en Europa, y más allá del aumento de la polarización y la inestabilidad política, el cargado calendario electoral previsto para 2017 también podría renovar temporalmente la presión sobre las finanzas públicas. Y es que, tal como explican los economistas de Harvard, Alberto Alesina y Matteo Paradisi en un estudio reciente,4 los gobernantes tienden a promover políticas fiscales más expansivas en la antesala de las elecciones con el objetivo de aumentar sus opciones de revalidar el mandato. Un fenómeno que es más acusado cuando más abierto es el resultado electoral. Y si algo caracteriza las contiendas electorales previstas en Europa el año que viene es precisamente que el resultado parece bastante abierto a día de hoy. En este sentido, un estudio reciente de Goldman Sachs apunta precisamente a que este factor generará una notable relajación fiscal en Francia, Alemania e Italia.

En definitiva, 2017 será un año clave a nivel político tanto en EE. UU. como en Europa y ello tendrá importantes derivadas en el ámbito económico. En particular, existe una preocupación fundada sobre cómo la polarización y la inestabilidad política pueden traducirse en mayor incertidumbre económica y en un aumento de los desequilibrios macroeconómicos. Y es que el empeoramiento de la situación política podría hacer tambalear el proyecto común europeo y ahondar en la pérdida de mecanismos de cooperación multilaterales. Que no suceda requerirá cintura política y visión de futuro por parte de todos.

Fuente Caixa bank

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