Una vuelta a los nacionalismos sin herramientas globales para combatir la pobreza

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gerardo-martinezPor Gerardo Martínez

Secretario de Relaciones Internacionales de la CGT y titular de la Uocra

Nacionalismo exacerbado en lo político, proteccionismo económico y baja tolerancia a las corrientes inmigratorias, y a la consolidación de derechos sociolaborales, sometidos a los designios del libre mercado, parecen ser los aspectos más significativos del perfil de gobierno que el electo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump aplicaría en su gestión.

Impresiones sustentadas en los postulados que, en campaña, esgrimió y que lo llevaron a obtener una victoria electoral, para muchos sorpresiva y hasta subestimada en lo previo que, en estos momentos, conmociona al mundo.

Sería un error analizar el fenómeno político electoral de Donald Trump, desligado del Brexit en Gran Bretaña o del crecimiento político que registra el Frente Nacional liderado por Marine Le Pen en Francia.

En al menos tres países (Gran Bretaña, EE UU y Francia) de los cuatro que junto con Alemania representan la columna vertebral del orden político-económico establecido en el mundo occidental desde hace más de medio siglo, se registra un claro viraje hacia posiciones tendientes a “cerrarse” en sus propias necesidades, a mirarse el propio ombligo, a contramano de un proceso de globalización que demanda mayor integración.

No sólo en materia económica y de relaciones comerciales sino también que requiere de la voluntad política de asumir los desafíos de globalizar también la equidad social, la igualdad de oportunidades y el crecimiento y desarrollo económico y social sustentable y equitativo de las naciones.

El actual proceso de globalización, tal como está planteado, está produciendo acontecimientos políticos en el mundo desarrollado que provocan estos cambios, producto de la falta de resultados económicos favorables para mejorar la calidad de vida de la gente.

Estos resultados parecieran poner en tela de juicio la globalización y sus motores económicos y financieros.

Los políticos que ganan expresan una vuelta hacia los nacionalismos sin proponer ni fomentar, ninguno de ellos, herramientas globales para reducir la pobreza y la desocupación, que son combustibles que alimentan el fanatismo religioso violento y el terrorismo en cualquiera de sus formas.

Con estos resultados y sus emergentes políticos, no se visualiza la oportunidad de que haya cambios para terminar con el hambre, la pobreza y la desocupación, elementos que conspiran contra la paz social.

Fuente TELAM

 

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